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Cómo desarrollar la clarividencia: ver no con los ojos, sino con el cerebro
El ser humano está acostumbrado a pensar que ve con los ojos.
Pero no es del todo así.
Los ojos son solo una herramienta.
Se parecen al objetivo de una cámara.
Pero la imagen no aparece en el objetivo.
- Quien ve es el cerebro.
- Quien oye es el cerebro.
- Quien reconoce es el cerebro.
- Quien comprende es la conciencia.
Los ojos reciben la luz.
Los oídos reciben las vibraciones.
La piel recibe el contacto.
Pero todo el mundo se construye dentro de nosotros.
Por eso la clarividencia no comienza con los ojos.
Ni con un tercer ojo como una bonita imagen en la frente.
Comienza con la comprensión de que:
la información puede llegar directamente a la mente.
No a través de los ojos.
No a través de los oídos.
No a través del olfato.
No a través del contacto.
Sino de inmediato: como conocimiento, como imagen, como sensación interior, como una tranquila certeza.
Este es el comienzo de la verdadera clarividencia.
No es fantasía.
No es ensoñación.
No es «me pareció».
Sino un nuevo canal para recibir información.
La clarividencia es una consulta
El principal error de los principiantes es que quieren «verlo todo».
Pero la clarividencia no funciona así.
Si una persona quiere obtener información, debe saber exactamente qué información está solicitando.
No en general:
«¿Qué hay ahí?»
«¿Qué sucederá?»
«Muéstrame la verdad».
Sino de forma concreta:
«¿Qué figura hay en la hoja?»
«¿Qué color se ha elegido?»
«¿Qué hay detrás del biombo?»
«¿Quién está llamando ahora?»
«¿Qué acontecimiento cercano está relacionado con esta persona?»
La pregunta determina el flujo.
Si la consulta es imprecisa, llega una mezcla confusa.
Si la consulta es precisa, llega una respuesta.
La conciencia se parece a un haz de linterna. Hacia donde lo diriges, eso se ilumina. Si iluminas en todas direcciones a la vez, no obtendrás clarividencia, sino un mercado interior en el día de liquidación de alfombras.
Por eso, la primera regla:
aprende a formular una pregunta precisa.
La información no siempre llega como una imagen
Muchos piensan que la clarividencia consiste necesariamente en una pantalla interior brillante, donde todo se ve como en una película.
Pero no es obligatorio.
A veces la persona realmente ve una imagen.
A veces simplemente lo sabe.
A veces siente una dirección.
A veces oye una palabra dentro de sí.
A veces recibe no una imagen, sino un significado.
A veces comprende el estado de un objeto, pero no puede describirlo inmediatamente con palabras humanas.
Es normal.
Lo llamamos «visión», pero en realidad se trata de algo más amplio: la percepción de información.
- La persona puede ver con el cerebro.
- Puede oír con el cerebro.
- Puede saber con el cerebro.
Incluso la visión ordinaria no depende solo de los ojos. El ojo transmite una señal y el cerebro construye a partir de ella el mundo.
Lo mismo ocurre con la clarividencia: llega la información y el cerebro intenta traducirla a formas conocidas.
Si en la conciencia ya existe una imagen preparada, la persona verá una imagen.
Si no existe, sentirá propiedades: tamaño, forma, densidad, movimiento, color, estado, dirección.
Por eso no hay que exigirse a la fuerza una imagen bonita.
A veces un conocimiento preciso vale más que una visión hermosa.
Autor del artículo: Sergey Veretennikov
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Por qué una persona puede equivocarse
La clarividencia suele distorsionarse no porque el canal sea débil, sino porque la propia persona interfiere.
Interfiere el deseo.
Interfiere el miedo.
Interfiere la expectativa.
Interfiere la curiosidad.
Interfiere la fantasía.
Interfiere el deseo de ser especial.
La persona aún no ha recibido la información y ya empieza a inventarla.
Por ejemplo, quiere ver algo místico y el cerebro le dibuja algo místico. Quiere ver peligro y obtiene peligro. Quiere confirmar que tiene razón y ve confirmación.
Por eso la clarividencia exige honestidad interior.
Hay que saber decirse:
«No lo sé. Solo estoy haciendo una consulta».
«No invento. Recibo».
«No embellezco. Compruebo».
Esto es muy importante.
Un verdadero clarividente no es quien cuenta historias bonitas.
Es quien sabe distinguir la señal de su propia fantasía.
Primer método de entrenamiento: tarjetas con figuras
El ejercicio más sencillo puede hacerse en casa.
Toma varias hojas pequeñas de papel iguales.
Dibuja en ellas cuatro figuras simples:
— una cruz;
— un círculo;
— un cuadrado;
— un triángulo.
Prepara varias tarjetas. Mézclalas. Cierra los ojos. Toma una tarjeta y colócala delante de ti.
Ahora no intentes ver toda la hoja.
No pienses en el papel.
No imagines la mesa.
No adivines como un estudiante en un examen.
Debes formular una sola pregunta precisa:
«¿Qué figura hay en esta tarjeta?»
Y esperar tranquilamente la primera respuesta clara.
No la segunda.
No la décima.
No la que inventaste después.
Sino la primera respuesta silenciosa.
Después anota la respuesta y compruébala.
Es importante llevar estadísticas.
Con cuatro figuras, un acierto al azar es aproximadamente del 25 %. Si de 100 intentos tienes unos 25 aciertos, todavía se trata de una coincidencia normal. Si el resultado aumenta gradualmente —35, 40, 50 o más— significa que el canal empieza a despertar.
¡En la Escuela Veretennikov se han creado muchos simuladores para esto!
Cuando no necesitas dibujar nada en las tarjetas, todo ya está creado en el programa.
Por ejemplo:
Entrenamiento-simulador: Arquitecto de la realidad
Simulador de clariaudiencia «Corte»
Neurosimulador «Iso-Ritmo 108»: simulador de predicción y clarividencia
¡Y muchos más! Explora la Escuela Veretennikov: aquí hay opciones gratuitas y de pago por un precio simbólico.
Y aquí comienza la verdadera práctica.
No creer ciegamente.
No negar ciegamente.
Sino observar.
Segundo método: leer con los ojos cerrados
Un entrenamiento más difícil es leer con los ojos cerrados.
Pero hay que entender correctamente su propósito.
Leer con los ojos cerrados no sirve para andar después por casa con los ojos vendados y chocar orgullosamente contra el armario como un rinoceronte iluminado.
No.
Con los ojos normales se lee más rápido y más fácilmente.
Los ojos cerrados sirven como simulador.
¿Por qué precisamente la lectura?
Porque es difícil inventar un texto. La letra coincide o no coincide. La palabra se ha leído o no. Aquí hay menos autoengaño.
Es un ejercicio muy bueno para la clarividencia, porque obliga al canal a funcionar con precisión.
Puedes comenzar con una letra grande en una hoja.
Escribe varias letras en tarjetas separadas. Mézclalas. Cierra los ojos. Coloca una tarjeta delante de ti. Pregunta:
«¿Qué letra está escrita aquí?»
¿Aparece una imagen? Bien.
¿Llega el conocimiento? También bien.
¿Surge de pronto la sensación de una forma? Ya es un comienzo.
Lo principal es no completar la respuesta con la imaginación.
Llegó la respuesta: anótala.
Compruébala.
Saca conclusiones.
Autor del artículo: Sergey Veretennikov
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Tercer método: la señal telefónica
Un excelente entrenamiento cotidiano es el teléfono.
Cuando suene, no mires inmediatamente la pantalla.
Detente un par de segundos.
Pregunta:
«¿Quién llama?»
«¿Para qué llama?»
«¿Con qué está relacionada la conversación?»
Después mira.
Aquí también es importante no convertirlo todo en adivinación. No te atormentes. Simplemente practica brevemente varias veces al día.
Con el tiempo puedes notar que, antes de la llamada, ya aparece una sensación sobre la persona. O sobre el tema de la conversación. O un conocimiento interior: «es algo importante», «es una petición», «es una conversación desagradable», «es una llamada sin importancia».
Así la clarividencia entra en la vida no como un número de circo, sino como un órgano adicional y natural de percepción.
Cuarto método: elegir el camino
Antes de salir de casa puedes preguntar:
«¿Qué camino será más fácil hoy?»
«¿Dónde gastaré menos energía?»
«¿Adónde me conviene ir?»
A veces la persona elige de repente otra ruta. No porque la lógica se lo haya indicado, sino porque dentro de sí surgió un conocimiento.
Después resulta que en el camino habitual hay un atasco, una cola, un encuentro desagradable, una puerta cerrada o una tienda vacía.
No siempre será algo grandioso. A veces la clarividencia ayuda a no hacer cola para comprar patatas. Pero eso también tiene valor en la vida. La espiritualidad es una cosa, y pasar cuarenta minutos en una cola con el rostro iluminado es un placer dudoso.
La clarividencia debe ayudar a vivir.
Ahorrar fuerzas.
Elegir un camino más limpio.
Evitar obstáculos innecesarios.
Percibir mejor el espacio.
Quinto método: el día de mañana
Puedes entrenarte con el futuro cercano.
Por la noche, siéntate tranquilamente y pregunta:
«¿Cómo será mi día de mañana?»
Pero no escribas frases generales:
«Habrá una reunión importante».
«Habrá energía de cambios».
«Pueden ocurrir acontecimientos».
Eso se puede escribir sobre cualquier día, incluso sobre el día de un gato perezoso.
Hace falta concreción.
Intenta percibir:
— con quién conversarás;
— qué estado de ánimo tendrás por la mañana;
— si habrá algún retraso;
— qué persona aparecerá;
— qué tema será el principal;
— dónde surgirá algo inesperado;
— qué color, objeto, lugar o imagen destacará.
Al día siguiente, compara.
Es muy importante: no te regañes por los errores.
Un error no es un fracaso.
Un error es un ajuste del instrumento.
Estás aprendiendo. El canal se va aclarando poco a poco.
La clarividencia y la precisión de la consulta
Hay una ley:
cuanto más precisa sea la consulta, más precisa será la respuesta.
Si una persona pregunta:
«¿Qué será de mi vida?», la conciencia puede hundirse en un enorme campo de posibilidades.
Si pregunta:
«¿Cuál será mi tarea principal mañana por la mañana?», la respuesta se acerca.
Si pregunta:
«¿Debería ponerme hoy en contacto con esta persona?», el canal funciona con aún más precisión.
Si pregunta:
«¿Cuál será el resultado de esta conversación?», el campo se estrecha.
La clarividencia se parece a un haz.
Cuanto más estrecho es el haz, más profundamente penetra.
Espacio y tiempo
Desde la comprensión mística de la clarividencia, la distancia no es el principal obstáculo.
El cuerpo ordinario necesita desplazarse por el espacio.
Los ojos necesitan que el objeto esté delante de ellos.
El oído necesita que el sonido llegue en forma de onda.
Pero el canal de información funciona de otra manera.
Para él, lo importante no es la distancia, sino la sintonización.
El objeto puede estar cerca.
Puede estar detrás de una pared.
Puede estar lejos.
Puede estar relacionado con un acontecimiento pasado.
Puede estar relacionado con una posibilidad futura.
La cuestión no es dónde se encuentra.
La cuestión es con qué precisión se ha sintonizado la conciencia.
El campo informativo no se parece a una habitación ordinaria. Allí no hay paredes en el sentido habitual. Se parece más a un enorme espacio vivo donde todo deja huella.
Los acontecimientos pasan, pero su información no desaparece por completo.
Así como una huella en la nieve indica quién pasó, un acontecimiento deja una impresión en el campo sutil.
La tarea del clarividente no es fantasear, sino dirigir la atención precisamente hacia la huella necesaria.
Por qué la pureza del alma no sustituye el entrenamiento
Muchos piensan:
«Si me vuelvo bondadoso, luminoso y espiritual, la clarividencia se abrirá por sí sola».
No.
La pureza ayuda.
La calma ayuda.
Un corazón bondadoso ayuda.
Pero no sustituyen el aprendizaje.
Incluso una persona muy pura no aprenderá la tabla de multiplicar si no la ha estudiado. Puedes ser un ángel con ojos de ciervo, pero si no has practicado, dos por dos no llegará volando sobre alas doradas.
Aquí ocurre lo mismo.
La clarividencia es una capacidad.
Y una capacidad requiere entrenamiento.
No un amuleto.
No un bonito colgante.
No una «iniciación secreta en tres días».
No un certificado con el sello «tercer ojo activado, garantía hasta el lunes».
Hace falta práctica.
Cada día.
Con calma.
Con precisión.
Sin histeria.
Sin orgullo.
Sin deseo de demostrar a todos que eres especial.
Cómo no perder el canal
Hay un aspecto importante.
Si una persona recibe una señal sutil y la reprime constantemente, el canal se debilita.
Lo sintió, pero no lo creyó.
Lo sintió de nuevo y volvió a ignorarlo.
La tercera vez llegó el conocimiento y la persona dijo: «tonterías».
Y poco a poco la voz interior se vuelve más silenciosa.
Así funciona todo en el ser humano.
Lo que usamos se desarrolla.
Lo que no usamos se adormece.
Los músculos se debilitan sin movimiento.
La memoria se apaga sin ejercicio.
La atención se dispersa sin práctica.
La clarividencia se cierra sin aplicación.
Por eso hay que aprender no solo a recibir la señal, sino también a respetarla.
No creer ciegamente.
Pero comprobar.
Anotar.
Comparar.
Extraer conclusiones.
Así el canal se vuelve operativo.
Además, hazlo todo como lo hace un niño: ¡jugando!
Precisamente por eso, en la Escuela Veretennikov, los practicantes juegan a este juego: Juego: desarrollo de la clarividencia y la intuición empresarial
El juego es la mejor manera de adquirir cualquier habilidad.
La clarividencia no es para la curiosidad
Es muy importante comprender que la clarividencia no debe desarrollarse solo por curiosidad ociosa.
No hay que mirar donde no corresponde.
No hay que invadir la vida privada ajena.
No hay que convertir esta capacidad en una forma espiritual de espiar.
La posibilidad y la moral son cosas distintas.
Una persona puede aprender a ver más. Pero eso no significa que deba entrometerse en cualquier lugar donde no la han invitado.
Un verdadero practicante tiene una ética interior.
Pregunta no por ociosidad, sino por necesidad.
No por poder, sino por comprensión.
No para controlar, sino para actuar correctamente.
No por orgullo, sino por luz.
De lo contrario, la clarividencia se convierte no en una capacidad espiritual, sino en una forma sutil de avaricia.
Para qué desarrollar la clarividencia
El verdadero objetivo de la clarividencia no es impresionar a la gente.
No doblar cucharas.
No adivinar cartas para recibir aplausos.
No demostrar a los vecinos que ahora eres una antena ambulante de Wi-Fi cósmico.
El objetivo es más profundo.
La clarividencia sirve para:
— orientarse mejor en la vida;
— percibir a las personas;
— elegir la acción correcta;
— ver las causas ocultas;
— ahorrar energía;
— comprender dónde el camino está abierto y dónde está cerrado;
— distinguir la verdad de la mentira;
— percibir el mundo más allá de los cinco sentidos habituales.
La persona que ha desarrollado este canal vive en un mundo más amplio.
No ve solo la superficie.
Percibe las corrientes subterráneas de los acontecimientos.
Nota lo que otros pasan por alto.
Empieza a comprender que el mundo no termina en la piel, los ojos y los oídos.
Existe otro espacio.
Sutil.
Informativo.
Vivo.
Silencioso.
Pero muy real para quien ha aprendido a entrar en él sin fantasía y sin miedo.
Práctica breve para cada día
Puedes comenzar así.
Reserva cada día entre 10 y 15 minutos.
Siéntate tranquilamente.
Apaga el ruido innecesario.
Haz varias inhalaciones y exhalaciones lentas.
Cierra los ojos.
Di interiormente:
«No fantaseo. Recibo información precisa».
Después elige un ejercicio sencillo.
Hoy, tarjetas con figuras.
Mañana, letras.
Pasado mañana, llamadas telefónicas.
Después, el día de mañana.
Luego, elegir el camino.
Lo importante es no saltar de inmediato a los grandes misterios del universo.
Primero aprende a ver una cruz en una tarjeta.
Porque si una persona no puede distinguir un círculo de un triángulo, todavía es demasiado pronto para leer las crónicas de la Atlántida. La Atlántida puede esperar. De todos modos, lleva mucho tiempo esperando.
Conclusión principal
La clarividencia no es un cuento ni un adorno del camino espiritual.
Es un posible canal adicional de percepción.
Pero requiere madurez.
Hay que aprender a:
- preguntar con precisión,
- escuchar en silencio,
- no fantasear,
- comprobar,
- observar y llevar registros,
- respetar la señal,
- no abusar de la capacidad,
- y entrenarse constantemente.
La persona no ve con los ojos.
Los ojos solo transmiten la luz.
La verdadera visión nace más profundamente.
En el cerebro.
En la conciencia.
En ese silencio interior donde la información toca por primera vez a la persona.
Y cuando este canal comienza a despertar, el mundo se vuelve diferente.
No porque de repente aparezcan milagros en él.
Sino porque la persona finalmente se da cuenta:
el milagro siempre estuvo cerca.
Simplemente antes solo miraba con los ojos.
Autor del artículo: Sergey Veretennikov
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