Autor de la canción: Serguéi Veretennikov
HIJOS DE LAS ESTRELLAS
Sobre los campos nace el amanecer,
Se doran los bosques y los ríos.
Hemos venido a regalar luz al mundo,
Para ver la luz en el ser humano.
Cuántos rostros tiene nuestra querida tierra,
Cuánto dolor se ha congelado en los rostros.
Hemos brotado de las tormentas hacia la luz,
Para reunir el mundo poco a poco.
Nuestras montañas custodian las nubes,
Nuestras estepas se extienden hacia el infinito.
Y fluye el río, como el tiempo,
Dibujando diseños sobre la tierra.
No construimos fronteras de hierro
Entre el corazón, la tierra y el pueblo.
Queremos, entre rostros alegres,
Vivir bajo nuestro gran cielo.
¡El águila bicéfala no es nuestro señor!
¡Somos un pueblo orgulloso, no un rebaño!
Lo nuestro no se lo entregaremos a nadie,
¡Y no necesitamos lo ajeno!
Aunque hablemos distintos dialectos,
Aunque sean diferentes las oraciones y las canciones,
Debemos cuidarnos unos a otros,
Arrojando la carga del odio y la venganza.
Queremos que cada pueblo
Viva libre bajo su propio cielo,
Que los niños no oigan el estruendo,
Que los campos huelan a pan caliente.
Nuestras canciones, esperanzas y sueños,
Nuestra sabiduría, fe y caminos.
En este mundo hay tierra suficiente,
Para vivir sin odio ni temor.
El trono no es dueño del pueblo.
Nuestro dueño es el Señor celestial.
Nuestro juez en la tierra es la mesa redonda.
Y en el cielo, el Espíritu incorpóreo.
¡El águila bicéfala no es nuestro señor!
¡Somos un pueblo orgulloso, no un rebaño!
Lo nuestro no se lo entregaremos a nadie,
¡Y no necesitamos lo ajeno!
Nuestras canciones, esperanzas y sueños,
Nuestros conocimientos, pan y caminos.
En este mundo hay tierra suficiente,
Para vivir sin odio ni temor.
Sobre el planeta nace la aurora,
Comienza una nueva era.
Las antenas de la Tierra ya escuchan
La voz lejana de otro mundo.
Nuestros hijos elevarán una nave,
Y abandonarán la órbita terrestre.
Ante ellos se abrirá la lejanía estelar,
Oculta hasta ahora por el tiempo.
No somos cenizas de tiempos olvidados,
Ni esclavos de un sistema podrido.
En nuestras almas resplandece el fuego
De aquella lejana era cósmica.
Nuestra sangre recuerda la luz de las alturas,
Y el cosmos pulsa en nuestras venas.
No somos solo hijos de la Tierra:
Somos partículas del Universo.
Mira cómo resplandece la Tierra
En el inconmensurable abismo cósmico.
Todos los pueblos son una sola familia,
Todas las oraciones, una sola canción.
El planeta no tiene hijos de sobra,
No hay extraños bajo las estrellas infinitas.
Seamos mejores, más sabios y bondadosos,
Volvamos a ser adultos en el cosmos.
¡El águila bicéfala no es nuestro señor!
¡Somos un pueblo orgulloso, no un rebaño!
Lo nuestro no se lo entregaremos a nadie,
¡Y no necesitamos lo ajeno!
Nuestra sangre recuerda la luz de las alturas,
Y el cosmos pulsa en nuestras venas.
No somos solo hijos de la Tierra:
Somos partículas del Universo.
Somos hijos de las estrellas…
Somos hijos de las estrellas…