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Cuando la Deidad de Nrisimhadeva apareció por primera vez en Mayapur, muchos pujaris tenían cierto temor de adorar Su forma feroz, pero Bhava-Siddhi das tenía aún más miedo y siempre realizaba su servicio con tensión interior.
Una noche, después de acostar a la Deidad para que descansara y cuando ya se marchaba del altar, oyó un sonido tan potente que, según sus palabras, se le erizó el cabello. Miró a su alrededor atemorizado, pero todo estaba en su sitio. Entonces salió rápidamente, cerró con llave la puerta del altar y ofreció reverencias, pidiendo perdón por si había cometido accidentalmente alguna ofensa durante el servicio.
Más tarde, esa misma noche, se despertó porque su cama estaba temblando. Al principio pensó que se había levantado el otro pujari, que dormía en la litera inferior. Pero cuando abrió los ojos, según cuenta la historia, vio a Nrisimhadeva sentado en su cama. Bhava-Siddhi sintió un terror intenso, casi pánico. En ese momento, Nrisimhadeva le puso las dos manos sobre los hombros; en el relato de Pankajanghri das, se sentían «como el peso de todo el universo». Entonces el Señor lo tranquilizó con estas palabras: «Tranquilo, mantén la calma. Solo he venido a decirte que, cuando Me adoras en el templo, no tienes por qué temerme. Por favor, abandona ese miedo».
Después de esto, según el relato, Nrisimhadeva desapareció, y Bhava-Siddhi salió corriendo a la terraza y comenzó a ir y venir, completamente conmocionado. Los demás devotos le preguntaban qué había ocurrido, pero él no podía responder de forma coherente, y algunos incluso pensaron que se había vuelto loco o que lo había «perturbado un espíritu». Finalmente corrió al templo, se postró ante la puerta de Nrisimhadeva y comenzó a orar fervientemente. Solo después de un tiempo logró calmarse un poco. Y al regresar, notó que todos lo miraban: resultó que había salido corriendo al templo vestido únicamente con su ropa de dormir. Incluso en un episodio tan aterrador, la vida le guiñó un ojo a su manera: primero el horror cósmico y luego una pequeña comedia humana.
Pankajanghri das añade un detalle importante: más tarde vio a Bhava-Siddhi en el festival de Gaura-Purnima y le preguntó por aquella historia. Él respondió que era verdad y dijo que aún tenía marcas de las manos de Nrisimhadeva en los hombros, aunque para entonces casi habían desaparecido.
Manohar Shyam Prabhu contó que se produjeron graves incendios forestales en Argentina. El fuego se describe como muy potente: viento caliente, llamas que devoraban todo a su paso y servicios de emergencia que evacuaban a la gente de sus casas.
Su madre, que adoraba al Nrisimhadeva de Mayapur, vio que las llamas se elevaban unos seis metros y se dirigían directamente hacia su casa. En una versión más detallada del mismo relato se dice que la familia ya había cargado en el automóvil todo lo que podía salvar y se disponía a marcharse, mientras que el muro de fuego se encontraba ya a unos veinte metros de la casa.
Y en ese momento, según el relato, ella invocó de todo corazón a Nrisimhadeva para pedirle ayuda. Después, el viento cambió de repente de dirección y las llamas se desviaron hacia otro lado, de modo que la casa y la familia quedaron ilesas.
Una noche, después de acostar a la Deidad para que descansara y cuando ya se marchaba del altar, oyó un sonido tan potente que, según sus palabras, se le erizó el cabello. Miró a su alrededor atemorizado, pero todo estaba en su sitio. Entonces salió rápidamente, cerró con llave la puerta del altar y ofreció reverencias, pidiendo perdón por si había cometido accidentalmente alguna ofensa durante el servicio.
Más tarde, esa misma noche, se despertó porque su cama estaba temblando. Al principio pensó que se había levantado el otro pujari, que dormía en la litera inferior. Pero cuando abrió los ojos, según cuenta la historia, vio a Nrisimhadeva sentado en su cama. Bhava-Siddhi sintió un terror intenso, casi pánico. En ese momento, Nrisimhadeva le puso las dos manos sobre los hombros; en el relato de Pankajanghri das, se sentían «como el peso de todo el universo». Entonces el Señor lo tranquilizó con estas palabras: «Tranquilo, mantén la calma. Solo he venido a decirte que, cuando Me adoras en el templo, no tienes por qué temerme. Por favor, abandona ese miedo».
Después de esto, según el relato, Nrisimhadeva desapareció, y Bhava-Siddhi salió corriendo a la terraza y comenzó a ir y venir, completamente conmocionado. Los demás devotos le preguntaban qué había ocurrido, pero él no podía responder de forma coherente, y algunos incluso pensaron que se había vuelto loco o que lo había «perturbado un espíritu». Finalmente corrió al templo, se postró ante la puerta de Nrisimhadeva y comenzó a orar fervientemente. Solo después de un tiempo logró calmarse un poco. Y al regresar, notó que todos lo miraban: resultó que había salido corriendo al templo vestido únicamente con su ropa de dormir. Incluso en un episodio tan aterrador, la vida le guiñó un ojo a su manera: primero el horror cósmico y luego una pequeña comedia humana.
Pankajanghri das añade un detalle importante: más tarde vio a Bhava-Siddhi en el festival de Gaura-Purnima y le preguntó por aquella historia. Él respondió que era verdad y dijo que aún tenía marcas de las manos de Nrisimhadeva en los hombros, aunque para entonces casi habían desaparecido.
Manohar Shyam Prabhu contó que se produjeron graves incendios forestales en Argentina. El fuego se describe como muy potente: viento caliente, llamas que devoraban todo a su paso y servicios de emergencia que evacuaban a la gente de sus casas.
Su madre, que adoraba al Nrisimhadeva de Mayapur, vio que las llamas se elevaban unos seis metros y se dirigían directamente hacia su casa. En una versión más detallada del mismo relato se dice que la familia ya había cargado en el automóvil todo lo que podía salvar y se disponía a marcharse, mientras que el muro de fuego se encontraba ya a unos veinte metros de la casa.
Y en ese momento, según el relato, ella invocó de todo corazón a Nrisimhadeva para pedirle ayuda. Después, el viento cambió de repente de dirección y las llamas se desviaron hacia otro lado, de modo que la casa y la familia quedaron ilesas.