Recuerdo el instante maravilloso:
Ante mí apareciste tú,
Como una visión fugaz,
Como un genio de pura belleza.
En las angustias de una tristeza desesperada,
En las inquietudes del bullicio de la vida,
Durante mucho tiempo resonó para mí tu voz dulce
Y soñaba con tus amables rasgos.
Pasaron los años. El ímpetu rebelde de las tormentas
Dispersó los sueños de antaño,
Y olvidé tu voz dulce,
Tus rasgos celestiales.
En el aislamiento, en la oscuridad del cautiverio,
Transcurrían silenciosamente mis días
Sin divinidad, sin inspiración,
Sin lágrimas, sin vida, sin amor.
Mi alma despertó
Y entonces volviste a aparecer tú:
Como una visión fugaz,
Como un genio de pura belleza.
Y el corazón late embriagado,
Y para él renacieron de nuevo
La divinidad y la inspiración,
La vida, las lágrimas y el amor.
A. S. Pushkin
Ante mí apareciste tú,
Como una visión fugaz,
Como un genio de pura belleza.
En las angustias de una tristeza desesperada,
En las inquietudes del bullicio de la vida,
Durante mucho tiempo resonó para mí tu voz dulce
Y soñaba con tus amables rasgos.
Pasaron los años. El ímpetu rebelde de las tormentas
Dispersó los sueños de antaño,
Y olvidé tu voz dulce,
Tus rasgos celestiales.
En el aislamiento, en la oscuridad del cautiverio,
Transcurrían silenciosamente mis días
Sin divinidad, sin inspiración,
Sin lágrimas, sin vida, sin amor.
Mi alma despertó
Y entonces volviste a aparecer tú:
Como una visión fugaz,
Como un genio de pura belleza.
Y el corazón late embriagado,
Y para él renacieron de nuevo
La divinidad y la inspiración,
La vida, las lágrimas y el amor.
A. S. Pushkin