LA LEY DEL KARMA Y EL SERVICIO DESINTERESADO
Existe una ley de causa y efecto: cada karma tiene consecuencias, les guste o no, lo quieran o no. El buen karma da un buen resultado, y el malo trae uno malo. El nacimiento es el resultado del karma acumulado hasta el momento de la muerte en la vida anterior. Si les preguntan qué le ocurre a una persona después de la muerte, pueden señalarse a ustedes mismos y declarar: «Esto es lo que ocurre»: volvemos a nacer. Esta no es una religión de desesperación, sino una religión de esperanza y confianza que impulsa a llevar una vida activa, útil y beneficiosa.
Está muy extendida la opinión de que el karma es el destino o la fatalidad, algo inevitable, «marcado en la frente», que hay que cumplir. Es imposible evitarlo. Pero la gente olvida que eso está escrito por su propia mano; no lo escribió otra persona. Y la mano que lo escribió también puede borrarlo todo.
No duden de que su situación en esta vida está determinada por las acciones de su vida pasada. Cuando el director de una escuela redacta un informe de conducta con el que ustedes solicitan un trabajo, se remite a su comportamiento durante el período de estudios. Y la calidad de ese informe depende de ustedes: si se comportaron bien, recibirán una buena recomendación y un buen trabajo; si se comportaron mal, tendrán una mala recomendación y un mal trabajo. Pues son ustedes mismos quienes escriben y borran «lo escrito en la frente», su destino.
Dios no recompensa ni castiga. Solo refleja, repite y reacciona, siendo el Eterno Testigo Imparcial. Ustedes mismos crean su destino. Dios no tiene voluntad ni deseos propios. No aconseja ni disuade. Dios es el Eterno Testigo. Es como un cartero que no tiene idea del contenido de las cartas que entrega a sus destinatarios. La carta puede contener tanto la noticia de una victoria como la de una derrota; recibirán únicamente lo que merecen. Recibirán el bien por el bien y el mal por el mal.
Acéptenlo como algo natural. Esta es la ley; nadie les ayudará ni les pondrá obstáculos.
La afirmación de que Dios es la causa primera de todo solo es justa hasta cierto punto, pues Él no los encierra en una jaula de hierro del destino de la que no puedan escapar. Les ha otorgado la capacidad de discernimiento (viveka), de renuncia (vairagya) y el sentido de reverencia y asombro. Deben utilizarla para alcanzar a Dios. Aunque existe una limitación de las posibilidades, no están completamente privados de ellas. Una vaca atada a un poste está limitada por la longitud de la cuerda y solo puede pastar en un espacio restringido. Cuando la vaca se haya comido toda la hierba, el dueño quizá desate el nudo y ate la cuerda de modo que pueda alcanzar la hierba que crece más lejos. «Pazcan» tranquilamente mientras la cuerda lo permita. Pero no se alejen demasiado del poste ni tensen la cuerda, pues eso puede causarles dolor.
En la tierra que les pertenece pueden cultivar los alimentos necesarios, o no hacer nada y dejarla en barbecho. Ustedes son la causa de su caída o de su ascenso. Las herramientas están en sus manos: pueden mejorar su destreza, romper las cadenas y escapar; pero si son dependientes y están en esclavitud, ¿quién puede salvarlos? No intenten culpar por ello al shiro-likhitham, la inscripción en la frente. El likhitham lo hicieron ustedes mismos.
Sathya Sai Baba
Yoga de la Acción
Existe una ley de causa y efecto: cada karma tiene consecuencias, les guste o no, lo quieran o no. El buen karma da un buen resultado, y el malo trae uno malo. El nacimiento es el resultado del karma acumulado hasta el momento de la muerte en la vida anterior. Si les preguntan qué le ocurre a una persona después de la muerte, pueden señalarse a ustedes mismos y declarar: «Esto es lo que ocurre»: volvemos a nacer. Esta no es una religión de desesperación, sino una religión de esperanza y confianza que impulsa a llevar una vida activa, útil y beneficiosa.
Está muy extendida la opinión de que el karma es el destino o la fatalidad, algo inevitable, «marcado en la frente», que hay que cumplir. Es imposible evitarlo. Pero la gente olvida que eso está escrito por su propia mano; no lo escribió otra persona. Y la mano que lo escribió también puede borrarlo todo.
No duden de que su situación en esta vida está determinada por las acciones de su vida pasada. Cuando el director de una escuela redacta un informe de conducta con el que ustedes solicitan un trabajo, se remite a su comportamiento durante el período de estudios. Y la calidad de ese informe depende de ustedes: si se comportaron bien, recibirán una buena recomendación y un buen trabajo; si se comportaron mal, tendrán una mala recomendación y un mal trabajo. Pues son ustedes mismos quienes escriben y borran «lo escrito en la frente», su destino.
Dios no recompensa ni castiga. Solo refleja, repite y reacciona, siendo el Eterno Testigo Imparcial. Ustedes mismos crean su destino. Dios no tiene voluntad ni deseos propios. No aconseja ni disuade. Dios es el Eterno Testigo. Es como un cartero que no tiene idea del contenido de las cartas que entrega a sus destinatarios. La carta puede contener tanto la noticia de una victoria como la de una derrota; recibirán únicamente lo que merecen. Recibirán el bien por el bien y el mal por el mal.
Acéptenlo como algo natural. Esta es la ley; nadie les ayudará ni les pondrá obstáculos.
La afirmación de que Dios es la causa primera de todo solo es justa hasta cierto punto, pues Él no los encierra en una jaula de hierro del destino de la que no puedan escapar. Les ha otorgado la capacidad de discernimiento (viveka), de renuncia (vairagya) y el sentido de reverencia y asombro. Deben utilizarla para alcanzar a Dios. Aunque existe una limitación de las posibilidades, no están completamente privados de ellas. Una vaca atada a un poste está limitada por la longitud de la cuerda y solo puede pastar en un espacio restringido. Cuando la vaca se haya comido toda la hierba, el dueño quizá desate el nudo y ate la cuerda de modo que pueda alcanzar la hierba que crece más lejos. «Pazcan» tranquilamente mientras la cuerda lo permita. Pero no se alejen demasiado del poste ni tensen la cuerda, pues eso puede causarles dolor.
En la tierra que les pertenece pueden cultivar los alimentos necesarios, o no hacer nada y dejarla en barbecho. Ustedes son la causa de su caída o de su ascenso. Las herramientas están en sus manos: pueden mejorar su destreza, romper las cadenas y escapar; pero si son dependientes y están en esclavitud, ¿quién puede salvarlos? No intenten culpar por ello al shiro-likhitham, la inscripción en la frente. El likhitham lo hicieron ustedes mismos.
Sathya Sai Baba
Yoga de la Acción