Adoren a Dios, que se manifestó en forma humana. Cada persona es hija de Dios, independientemente del color de su piel, su posición social, su religión o su idioma. Desarrollen y mantengan ese sentimiento de unidad. ¡Servir a los demás es la verdadera adoración de Dios! Tienen tanto el talento como el deseo de elevar a sus semejantes a un nivel superior de conciencia. Hoy, el país necesita urgentemente su servicio. Con palabras sencillas, convenzan a sus semejantes de abandonar los hábitos que socavan la salud y perturban la paz, y fomenten en ellos las cualidades de ayuda mutua, veracidad y no violencia. Dios quiso crear el cosmos y dijo: «Yo soy Uno, pero llegaré a ser muchos (Ekoham Bahusyam)». Ustedes también deben sentir la necesidad de florecer y expandirse. Obtengan dicha de ello. Permanezcan en la dicha y compartan esa dicha con los demás, para que la dicha crezca cada vez más.
(Discurso divino del 4 de enero de 1987)
(Discurso divino del 4 de enero de 1987)