¿Cómo podemos cultivar el desapego partiendo de comprender qué es la fuente de nuestro apego? Bhagavan nos lo explica hoy con amor mediante una sencilla ilustración.
Una breve reflexión ayudará a comprender qué es necesario para desarrollar el desapego. Tienes una casa en la ciudad; has vivido en ella varios años; la llamas tuya y te enorgulleces de ella; protestas airadamente cuando pegan anuncios publicitarios en sus paredes; te has preocupado mucho de que sea cómoda, acogedora e impresionante. Y un día la vendes. ¡Ya no es objeto de tu apego! Incluso cuando le cae un rayo, te da igual. Ahora, los campos que adquiriste con el dinero de la venta pasan a ser tuyos y atraen toda tu atención. Cuando las aguas de una inundación irrumpen en esos campos, te preocupas mucho y corres de un lado para otro tratando de salvarlos del desastre. Luego los vendes y ahora llamas tuyas las ganancias; las depositas en el banco y te apegas a ellas. El dinero que entregaste al banco puede ser prestado por este a alguien que no te agrada, pero eso no te preocupa. Entonces, ¿qué es exactamente lo tuyo? ¿A qué estabas tan fuertemente apegado? ¿A la casa, a los campos, al dinero? A nada de ello.
Estabas apegado al prestigio, la comodidad, la ostentación y la codicia: a aquello que surgía en tu mente como deseo, como impulso; es decir, en esencia, a la satisfacción de tu propio ego. ¡Eso fue lo que te impulsó a reclamar esas cosas, una tras otra, como tuyas!
- Discurso divino, 27 de marzo de 1966.
Donde no hay apego, tampoco hay miedo.
- Baba
Una breve reflexión ayudará a comprender qué es necesario para desarrollar el desapego. Tienes una casa en la ciudad; has vivido en ella varios años; la llamas tuya y te enorgulleces de ella; protestas airadamente cuando pegan anuncios publicitarios en sus paredes; te has preocupado mucho de que sea cómoda, acogedora e impresionante. Y un día la vendes. ¡Ya no es objeto de tu apego! Incluso cuando le cae un rayo, te da igual. Ahora, los campos que adquiriste con el dinero de la venta pasan a ser tuyos y atraen toda tu atención. Cuando las aguas de una inundación irrumpen en esos campos, te preocupas mucho y corres de un lado para otro tratando de salvarlos del desastre. Luego los vendes y ahora llamas tuyas las ganancias; las depositas en el banco y te apegas a ellas. El dinero que entregaste al banco puede ser prestado por este a alguien que no te agrada, pero eso no te preocupa. Entonces, ¿qué es exactamente lo tuyo? ¿A qué estabas tan fuertemente apegado? ¿A la casa, a los campos, al dinero? A nada de ello.
Estabas apegado al prestigio, la comodidad, la ostentación y la codicia: a aquello que surgía en tu mente como deseo, como impulso; es decir, en esencia, a la satisfacción de tu propio ego. ¡Eso fue lo que te impulsó a reclamar esas cosas, una tras otra, como tuyas!
- Discurso divino, 27 de marzo de 1966.
Donde no hay apego, tampoco hay miedo.
- Baba